junio 23, 2026

Hito científico: Científicos españoles logran el nacimiento de tres cabras montesas mediante fecundación in vitro postmortem.

En lo que representa un avance sin precedentes para la biología de la conservación, un equipo de científicos españoles ha logrado por primera vez en la historia el nacimiento de tres ejemplares de íbice o cabra montesa (Capra pyrenaica) utilizando óvulos y espermatozoides extraídos de animales muertos. La exitosa aplicación de esta técnica de reproducción asistida postmortem abre una nueva y prometedora ventana para salvaguardar el legado genético de especies endémicas y amenazadas en la Península Ibérica y el resto del mundo.

El logro es fruto de una colaboración científica entre los grupos de Ingeniería Genómica Animal y de Fisiología y Tecnologías de la Reproducción en Especies Silvestres del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA), perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

La carrera contra el reloj: Ingeniería celular y criopreservación

El procedimiento técnico conllevó una compleja labor de campo y laboratorio para rescatar el material biológico viable antes de que se iniciara el proceso de descomposición celular:

  • Extracción de Gametos: Los científicos recolectaron los ovarios y testículos de ejemplares fallecidos en la Reserva Nacional de Caza de Sonsaz (Madrid) y en la Reserva Andaluza de Caza de las Sierras de Tejeda y Almijara (Málaga).
  • Ventana de Viabilidad: «Es crucial que los espermatozoides se recojan dentro de las primeras ocho horas posteriores al deceso del animal para que conserven intacta su capacidad fecundante», explicó el investigador principal del INIA-CSIC, Julián Santiago Moreno.
  • Fecundación y Cultivo: Los espermatozoides se criopreservaron en nitrógeno líquido a temperaturas próximas a los −200∘C. Paralelamente, los ovocitos se maduraron en el laboratorio y se unieron a los espermatozoides descongelados utilizando un medio de cultivo especializado denominado TALP, originalmente diseñado para la reproducción bovina.

De la vitrificación al nacimiento: Rompiendo las barreras de 2006

Hasta el año 2006, los bancos de germoplasma presentaban una limitación técnica insalvable: solo permitían almacenar el semen de los machos. Sin embargo, la optimización de la técnica de vitrificación —una congelación ultrarrápida que protege las células evitando la formación de cristales de hielo perjudiciales— permite congelar los embriones resultantes en estadio de blastocisto, resguardando el legado biológico de ambos sexos para reconstruir poblaciones enteras desde cero.

El equipo transfirió los embriones resultantes a cinco hembras receptoras, logrando completar con éxito el período de gestación con el nacimiento de tres cabritos:

Ejemplar NacidoEstado de Salud ActualDiagnóstico Veterinario / CausaImpacto en el Proyecto
Cría #1 (Macho)Perfecto estadoDesarrollo y crecimiento normalizado.Validación del protocolo de transferencia.
Cría #2 (Macho)Perfecto estadoDesarrollo y crecimiento normalizado.Éxito en la viabilidad del semen congelado.
Cría #3 (N/A)FallecidoMuerte postparto por falta de calostro.Dependencia de la respuesta de la receptora.

Un escudo tecnológico frente a la extinción

La cabra montesa es un emblema de la biodiversidad ibérica. Aunque sus poblaciones son estables en ciertas regiones, el aislamiento geográfico de determinados núcleos las vuelve extremadamente vulnerables a la consanguinidad, catástrofes ambientales y brotes epidemiológicos devastadores.

«La creación de estos bancos de embriones criopreservados a partir de animales muertos es una herramienta estratégica. Podrían emplearse para recuperar ecotipos específicos en caso de brotes infecciosos severos. Además, abre la puerta para aplicar la misma tecnología en otros ungulados de montaña en peligro crítico de extinción, como el íbice etíope, el íbice nubio o el arruí del Sáhara», destacó el investigador Pablo Bermejo Álvarez.

Esta tecnología marca un hito histórico que llega 26 años después de la muerte del último bucardo en los Pirineos, sentando las bases de la conservación ex situ del siglo XXI, donde la muerte biológica de un espécimen ya no significa necesariamente el fin de su linaje evolutivo.

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